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Conciencia Azul
Astrología

Astrología Helenística

 

Astrología Helenistica

Eduardo Gramaglia

Editorial Kier, Colección Nova

 

Parte del Capitulo 5 (pag. 81 a 84)

La Herencia Babilónica y el ciclo de fases solares

 

La fase heliacal de los planetas

 

El presente tema constituye uno de los más preciados tesoros heredados de la Astrología Mesopotámica. Entre el sol y los planetas existe una intrínseca relación de fase heliacal, que transforma a los planetas en estrellas matutinas y estrellas vespertinas, modificando sus significados de acuerdo a si ascienden heliacalmente por el oriente (saliendo antes que el sol); por el occidente (en cuyo caso se los verá brillar sobre el horizonte después de la puesta del sol); o se encuentran bajo los rayos del sol. Este es uno de los puntos más interesantes de la Astrología Helenística, ya que la fase heliacal otorga un matiz especial a la significación e influencia del planeta, inclinándola a ser más diurna y masculina cuando el planeta se eleva heliacalmente por el este, y más nocturna y femenina cuando el planeta es occidental con respecto al sol. Cabe señalar que esto no fue exclusivo de las prácticas helenísticas, ya que existen registros de otras culturas, como los mayas, quienes se lanzaban a la conquista con Venus Matutino, al que atribuían características extremadamente belicosas.

 

Más allá de ello, debemos remontar el origen de esta forma de Astrología a las mismas raíces babilónicas de este arte. Es interesante notar que la Astrología Babilónica no se ocupó tanto del zodíaco y la eclíptica como la tradición Greco-Romana.

 

Algunos principios de la Astrología Babilónica

 

La Luz es el primer medio por el cual percibimos los astros y el universo. Esta idea tan antigua, o asociación con la divinidad con la luz, en cierta forma permaneció inherente a la práctica astrológica, sobreviviendo aún hasta nuestros días, ya que lo que nosotros llamamos orbe de un planeta, es en realidad el orbe o círculo de luz de su halo. En rigor, el contacto entre planetas se produce a través del orbe luminoso de sus auras respectivas, y éste es un punto que frecuentemente se olvida. Mientras más estable su luz, más estable su influencia; y mientras no esté anulado por la luz del sol, encontrándose bajo sus rayos, tanto sea brillando en el cenit durante la noche o como estrella de la mañana o de la tarde, tanto mayor su influencia. Esta es la razón por la que los antiguos insistían tanto en que los planetas bajo los rayos del sol merman su influencia, aunque propician actividades secretas, u otras de las que no se pretenda público conocimiento, factor utilizado en cartas electivas.

 

La esencia de la antigua Astrología Babilónica no está relacionada con tratados, libros o manuscritos de cartas natales, sino con la observación del firmamento a OJO DESNUDO. La bóveda celeste es la pantalla sobre la cual queda impreso el pensamiento divino, y cada punto en el cielo (con su luminosidad y color) constituye una parte integral de ese lienzo que representa el mapa abstracto del pensamiento divino.

 

Para el observador babilónico, la noche comienza con el atardecer, donde se observan las predicciones para la noche; el día con el amanecer, donde se encuentran los pronósticos para la siguiente jornada. En esos dos momentos en donde la ciencia, el arte y la religión eran uno, se veían los ciclos de vida de cada estrella o planeta. Un astro nace cuando es visto por primera vez sobre la corona del sol naciente. Alcanza su apogeo cuando su luminosidad es la más intensa, y brilla durante toda la noche. Muere un posterior atardecer, cuando por última vez se lo ve sumergiéndose en el crepúsculo. Siendo invisible, el astro está muerto, para volver a resurgir, a resucitar (al mejor estilo del Mito egipcio de Horus - Osiris) cuando se hace visible nuevamente otro amanecer, exactamente antes de la salida del sol.

 

Cuando Venus y Mercurio se elevan como estrellas de la mañana, emergiendo por encima de la corona del Sol naciente, se los asocia en significado con el día, ya que se encuentran plenos de su fuerza, impeliendo a la acción y expresión franca y directa, develando todos los contornos que facilita la luz diurna. Son masculinos. Cuando aparecen en el cielo por la tarde después de la puesta del sol, son nocturnos, pasivos, femeninos, magnéticos, más poéticos, mágicos y tendientes al modo distendido de la noche, donde todo se relaja y se pierden los contornos.

 

Cuando se elevan al comienzo de la noche y su brillo permanece durante toda la noche, han alcanzado su climax de fuerza. No podemos observarlos cuando surgen por el este del horizonte, debido a que el cielo ya se encuentra inundado por la luz diurna, recién los vemos después del atardecer, cuando ya se encuentran altos en el cielo. En estos casos, se relacionan con la noche; su influencia es más femenina y pasiva.

 

El observador actual, no mira el cielo con los ojos de un artista. La observación de colores, halos, altitud, proporciones de la luna y demás astros eran registrados por el antiguo astrólogo de Babilonia, en un estado de contemplación y meditación, más que de investigación científica o de curiosidad. De esta forma el estado del cielo al atardecer del primer día del año guardaba las predicciones para todo ese año. Y el primer día de cada mes coincidía cuando la Luna se hacía visible por primera vez al momento de la luna Nueva (La luna Nueva de los antiguos no es la conjunción de ella con el sol, sino el momento de su primera aparición heliacal, cuando emerge de sus rayos y se la observa con su característica forma de media luna sobre el horizonte).

 

Más aún, el momento de los cielos no estaba completo sin la consideración de otros fenómenos que hoy consideramos METEOROLÓGICOS, como nubes, tormentas, y otras consideraciones climáticas.

 

Eduardo Gramaglia

Extracto libro: Astrología Helenística
 

 
Ejemplo por María Fernanda
 
Esto lo estudio e investigo en los ciclos planetarios, un muy buen libro para estudiar a Venus y Mercurio, es
Planetas Retrógrados de Erik Sulivan, editorial Urano
A quien le interese un resumen de dichos capitulos, me lo pueden pedir.
 
 

4    Luna fase creciente se ve al atardecer, después del sol

4    Luna fase menguante se ve al amanecer, antes del sol

4    Planeta oculto bajos los rayos del sol

4    Planeta oriental (masculino) antes del sol, se al amanecer, ejemplo Venus Lucero

4    Planeta occidental (femenino) después del sol, se ve al atardecer, ejemplo Venus Hésperus.


Cuando nos ponemos a meditar y reflexionar sobre estos acontecimientos celestes, comprendemos la interpretación en la vida de una persona o acontecimiento.
 

Por ejemplo:

 

4    Planeta oculto bajos los rayos del sol

4    Planeta oriental (masculino) antes del sol, se al amanecer, ejemplo Venus Lucero

4    Planeta occidental (femenino) después del sol, se ve al atardecer, ejemplo Venus Hésperus.

 

4    Por ejemplo desde 5 de marzo de 2008 hasta estos días, Venus y Mercurio estaban en conjunción casi un mes, primero con la Luna y Neptuno en Acuario. Días depués con Urano en piscis, siempre en su fase Occidental, antes del sol, viéndolos aquí en Córdoba, a las 6.30 am, 30 minutos antes de la salida del sol, un espectáculo maravilloso, en su fase creciente desde sus respectivos ciclos planetarios.

 

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
María Fernanda Domato

4    En las próximas semanas ambos planetas van a estar bajo los rayos del sol, no se van a ver ni despues o antes de la puesta o salida del sol, indicando que los temas de Mercurio y Venus van a estar ocultos o no presentes socialmente.

4    Luego Mercurio primero y luego en Junio Venus harán conjunción al Sol cambiando sus respectivas fases a menguante, ambos planetas en movimiento directo, indicando nuevamente otra interpretación.

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